Son
muchos los relatos que giran en torno al tulipán especialmente en Asia menor,
de donde es su origen. Principalmente cuando fue descubierta en 1634 a través
de una dolorosa y apasionada historia.
Un
joven persa llamado Farhad, príncipe según algunos, estaba profundamente
enamorado de la doncella Shirin.
Un
día, le llegaron noticias de que su amada había sido asesinada (luego resultó
que no era más que un rumor), totalmente destrozado y desolado, montó su
caballo y galopó hasta un acantilado desde donde se lanzó para morir. De sus
numerosas heridas y gotas de sangre en el suelo brotó un tulipán, como símbolo
de su amor perfecto. Por ello entre los persas, el tulipán es una ofrenda que
un joven hace a su amada. Al ofrecerle un tulipán, le dice: "así como es
de roja esta flor arde el fuego del amor dentro de mí", por lo que el
tulipán rojo se considera el símbolo por excelencia del amor apasionado y el
amor eterno.
Farhad
declaro que aquel tulipán era la muestra de su amor eterno transformado en una
hermosa y delicada flor. Puesto que esta representaba la sangre y la pasión. Desde
ahí que el persa vio como el sendero poco a poco se fue llenando de tulipanes
rojos demostrando su amor infinito.
Es
por esto que poco después de la Segunda Guerra Mundial, los holandeses enviaron
cientos de miles de tulipanes a Ottawa, la capital de Canadá. Este gesto fue
una forma de manifestar su agradecimiento, no sólo a los soldados canadienses
por haber liberado a Holanda de la ocupación alemana, sino también al gobierno
de Canadá, por haber permitido que la Reina María residiera en Ottawa durante
el tiempo de la conflagración.
